¿Cansados de qué?

¿Cansados de qué?

El otro día me entrevistaban y en algún momento, la periodista me corta en seco (Cómo hacen imparcialmente los periodistas) y me pregunta de frente “¿Por qué no  nos hablas un poco sobre tu postura frente a la crisis del cine nacional?… Intenté articular la respuesta pero no acepté la pregunta, o lo qué quería ella que le contestara.

– Si, sobre la saturación de todos los Colombianos frente a lo mismo de siempre. – ¿Lo mismo? pregunté yo…

– Si, la típica temática recurrente de putas narcotráfico y guerrilla en nuestro cine – contestó ella. En ese momento me vi obligado – desde mi postura de cineasta – a contradecirla, a decirle que estaba muy equivocada y que le estaba haciendo un daño terrible al cine nacional solo con mencionarlo.

¿Por qué siento esto? ¿A caso está mal decir que estamos cansados? ¿No estamos auténticamente cansados? ¿Por qué está mal decir que el cine nacional está en crisis?… pues porque no es así, porque esas frases son una simple invención de los medios que a veces parecen los némesis malignos del cine nacional, como si en algún momento pasado le hubiese arrebatado a su ser más querido y trazara una venganza maleva y feróz…

Veamos el tema en detalle, desenmascaremos esta farza…

Decir que las películas colombianas tratan de miseria, drogas, violencia y prostitución desprecia a la mayoría de los títulos nacionales. ¿Cuantas películas de guerrilla o violencia han hecho Dago o Trompeteros? ¿Cuantas películas tocan realmente el tema de la violencia interna? En mi concepto menos de un 30%.

– ¿Lo mismo? Dáme dos ejemplos – Le dije a ella que contestó: “la vendedora de Rosas” y “Soñar no cuesta nada”. entonces quedé perplejo…. ¿Pero si son películas diametralmente opuestas?. ¿Cómo podemos decir que películas tan diferentes son lo mismo? ¿Cómo?, ¿Por donde?

Ahora, cabe la pregunta, tal vez la más importante… ¿Por qué tenemos la percepción que el decir “Estamos cansados  siempre de lo mismo” es lo correcto?

En esta parte de la entrevista ya tenía la respuesta en la punta de la lengua, y al verme obligado a contestar por la presión de la entrevistadora contesté como si mi conclusión fuese una respuesta universal, la cual me llegó milagrosamente como una epifanía diáfana y cristalina. En ese momento lo entendí todo.

“Estamos cansados de algo que no entendemos”.

Otra mentira de los medios es que el cine colombiano no tiene una identidad, si la tiene, es el melodrama, a veces en paquete de comedia negra y otras en película culta de autor. Cabe la pregunta, ¿Por qué un director medianamente inteligente querría hacer un melodrama?

Lastimosamente, al cineasta en Colombia le quedan solo dos caminos: O le cae en gracia a los canales, o le cae en gracia a los jurados de los fondos estatales.

Lo lógico sería decir “le cea en gracia a los estudios, a la crítica,o al público. pero lastimosamente de eso tan bueno no hay en nuestro país. Si vemos claramente el panorama, más de la mitad de las pantallas le pertenecen a un canal de TV y el resto son influenciadas por el otro grupo económico.

Es claro que a los canales de TV el cine no les interesa ni remotamente. ¿Cómo les va a interesar patrocinar una película y ganar 300 o 500 pesos por boleta cuando venden cientos de miles de millones de pesos en pauta gracias a su maquinaria de hacer novelas? ¿no es claramente el cine una competencia peligrosa?

Es evidente que a un canal de televisión no le interesa un cine que “No sea televisivo” o que como mínimo le ayude a posicionar sus fichas en el star-system criollo. A esto le podemos sumar que no les interesa ningún producto que polarice su parrilla. (Esto amerita profundizar mucho más, pero es tema para otro artículo)

Ahora, si no te interesa hacer cine televisivo, y quieres hacer cine “de verdad”, entonces no cuentes con los canales o los grupos económicos. Siempre podrás contar con la ayuda de “papá estado” que te regalará 400 o 700 millones para hacer tu película sin pedir nada a cambio o preocuparse si ganas o pierdes plata. Además, te apoyará para poder sacarla a las grandes marquesinas de los selectos festivales internacionales para figurar en la historia enriqueciendo nuestra cultura ante el mundo en los cine-clubes.

¿Donde está la trampa?… En los jurados.

Pese a los grandes esfuerzos que hacen los diferentes gobiernos en Suramérica, siempre se termina en un punto común, el profundo y marcado sesgo a productos no comerciales que llamamos “Festivaleros”.

Veamos pues el origen del problema: El jurado, el cual ni siquiera tiene la culpa.

¿Cómo defines un jurado?, fácil, es una persona culta, instruida, formada, con cancha, con visión, con criterio que tiene una postura políticamente aceptable, perféctamente alineado con los intereses de una cultura de élite y con las contra-culturas de moda. El  problema, es que esta persona es alguien completamente contrario al pobre mortal ignorante, primitivo y descerebrado que se aburre de ver TV y dice “Quiero ir a cine”.

Sería ideal que en estos jurados existiera un representante del público, o de los distribuidores o de alguien con una visión comercial, esto permitiría que el cineasta se defiendiera solo en el mercado. Las políticas del estado deben defender la cultura, no el comercio.

Yo personalmente me pongo – y me pondré siempre – del lado de los ignorantes. Lo admito, me gustan las películas de Jean-Claude Van Damme. Muchas veces me he peleado de forma encarnizada con otros cineastas por  mi postura; estoy cansado de hacer arte y quiero hacer cine “Para la gente”. La contra-postura es tan clara como válida. “Si trabajas para complacer al público terminas haciendo basura”. Yo pienso que incluso si uno hace basura, tiene que ser “basura de calidad” un producto que principalmente le guste a uno, pero que le guste también al público. Si de verdad eres bueno tienes que complacer al erudito y al ciudadano común. Aquí está realmente el reto.
Hacer un producto para becas es mucho más fácil,si lo preguntan, si, “hay una receta para hacer un proyecto “festivalero”.

El primer truco, tener un formato ambiguo, de final incierto que “despiste” al espectador. Esto es lo que yo llamo “el fenómeno “Jurado erudito”. ¿Cómo es esto?… primero veamos cómo es el escenario cuando aceptas el tortuoso y peligroso reto de ser un jurado; Primero lo obvio. Te tienes que sentar en un lapso de tiempo muy corto a ver una tonelada de películas (A la 5 ya no te acuerdas de nada) y luego de esto, indefectiblemente, las tienes que discutir con los otros jurados. No importa si eres lguien de renombre o un pinche colado en el hall de la fama, siempre existirá “esa película” controversial que dijiste “es un asco”… y sorpresivamente otro dice, “en cambio a mi si me gustó”,…

Entonces, en vez de defender tu postura (recordemos que ni siquiera la recuerda bien porque tiene un sancocho  de películas en su cabeza) dice algo como, es que el final es X, o tiene tal hueco… entonces el que la defiende concluye “Es que no entendiste X”… en este momento, quedas destrozado, sin palabras, sin poder hacer nada y los neutrales aplauden, de hecho, todos – incluso tu – terminan parados, aplaudiendo al unísono.

Ahora, no cualquier persona hace una película para un jurado erudito. Tienes que ser un director curtido, entrenado en muchas artes y encantamientos, y sobre todo, con una capacidad sobrenatural para hacer una película que – además de  lo mencionado – pase los filtros técnicos, de formato y de narrativa mínimos para ganarse el premio.

En resumidas, el truco es simple: Final confuso destinado a unos cuantos, argumentos abiertos, meta-lenguajes que solo 3 o 4 genios formados entienden. Finalmente, todo lo que hace la película 0% interesante a un espectador de crispetas.

El segundo truco es “Película políticamente correcta”. Léase en muchos de los casos “película aburrida”. Un jurado busca darle el premio a una película que diga algo, pero no muy duro, que defienda una postura ideológica pero que no esté casada con nada, que refleje una realidad cruda y dolorosa pero metafóricamente, nunca de frente. En fin, un jurado sabe que evaluarán por su resultado y gracias a esto, intentará hacer el bien, pero claro, no querrá pisar ningún callo.

¿Se requiere algún tipo de ejemplo para esto?…  bueno, pasemos al tercer truco para ganar una beca: “Ser marginal”. Ayuda mucho ser diferente y realmente parecer que necesitas la plata. ¿Por qué? Porque un jurado nunca le dará el dinero a un proyecto que no necesite el dinero. Coloco un ejemplo: Nunca le darán un subsidio a una película porno “¿Qué gobierno en el mundo se atrevería a patrocinar porno?”. Bueno, lo admito, me fui al extremo pero es solo para ilustrar el problema, esta parábola extrapolada aplica diréctamente a los proyectos con sesgo 100% comercial. Si eres un jurado, no pensarás en darle un premio a una película de terror, o a una comedia comercial, o a una película de formato comercial porque “Tu nombre está en juego”. Preferirás hurgar entre los escombros, meter tu mano entre los escoyos más profundos del fétido fango para hacer muy bien tu tarea; “rescatar de entre la basura un diamante en bruto” una estrella que brille en las marquesinas de Canes, una semilla que coseche palmeritas, ositos, laureles y en fin, todos los logros que tu excelso criterio y sabiduría pueda ofrecer al mundo.

El problema es que los jurados son humanos, se equivocan y más a menudo de lo que podemos contar… tal vez esta sea la razón por la cual mucho más de la mitad de los proyectos premiados ni siquiera se terminan o son rentables a los realizadores.

Ahora, usted se preguntará ¿Cual es el problema?… si, tengo que admitir que soy un resentido que pertenece a una clase salvaje; soy un cineasta “Ultra-independiente”… Entonces…. ¿Cual es el problema?… lo resumiré de forma simple:

Las películas que le gustan a los jurados no le gustan al público.

¿Cómo me atrevo a decir esto?… muy simple. ¿Cuantos premios de Canes son también éxitos comerciales?

Después de esta divagación conspicua y lateral, regreso al punto, a la pregunta original… ¿Cansados de qué?

En mi opinión; la gente lo percibe pero “no lo entiende”. Estamos cansados del cine que “NO” está hecho para la gente. De una política cultural que financia talentos desperdiciados en hacer productos elitistas para unos pocos, de jurados internacionales que se regodean en nuestra pintoresca miseria, de novelas en pantalla grande. Estamos “Muy cansados” que siempre nos falte un centavo para el peso cuando se arrojan cientos de millones por la cañería.

No podemos hablar de cine sin pensar en el espectador, en la misma forma que no podemos hablar de festivales sin hablar de jurados, o que no podemos hablar de TV sin hablar de sintonía y mercadeo.

¿De qué estamos cansados? del cine que no le gusta a la gente.

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