Descubrí el cine sustentable

Descubrí el cine sustentable gracias a Salvo

Los organizadores aprovechan el único momento disponible para entrevistar a Salvo antes que tuviese que ir a dormir para regresar a Cartagena en la madrugada del día siguiente, casi terminando el Festival de Cine Corto de Popayán.

Salvo aprovecha para dar su resúmen y me menciona a mi, destacando que comparto mis inventos en un taller que – por afortunado error – llamó “Cine Sustentable”. Confundir las palabras “Sustentable” con “Recursivo” denota el profundo entendimiento que Salvo tiene sobre la problemática real del cine, crear un modelo de negocio que sea auto-financiable y auto-sostenible

“Caramba, ese es un mejor nombre para el movimiento” dije a Salvo y luego adicioné… “Y lo voy a acuñar a tu nombre…”

Luego de la entrevista, pedí a Salvo que sujetara el cristo en sus manos. El inestable pulso de Salvo desaparece inmediatamente, y  20 segundos después, ya es operario de Cristo. Al ver la cara de Salvo dije lo mismo que siempre digo pero por ocupación y un poco de pereza no he hecho… Debería hacer un video de “Mi primera vez con el cristo” grabando los rostros de quienes lo toman por primera vez….

 
…hijo mio, yo te consagro!

Ahora, si usted lee “Cristo” y no entiende ni papa, es culpa mía porque no me he explicado. El cristo es un estabilizador de cámara que inventé en enero de 2012 para poder hacer posible una película. A mi el nombre nunca me gustó, pero el uso lo hizo famoso en muy poco tiempo ya se llama así. Es una especie de cruceta que lleva la cámara en un extremo, un contra-peso en el otro y dos ruedas de patín a los lados de donde se sujeta.

En este momento el equipo es toda una revolución, se ha convertido en un estándar de producción entre los que lo han usado y la verdad, ofrece un 90% de las prestaciones de un steadycam profesional de 100 mil dólares, pero se hace con menos de 100 mil pesos (unos 50 dólares).

Los que quieran conocer el equipo, aquí hay algunas instrucciones… Ver ficha del cristo en cinerecursivo.COM

pero bueno… Regresemos a la inauguración del festival en Popayán.

Descubrí una faceta ”Robin Hood” de Salvo Basile. “Vengo a los festivales pequeños – y no digo pequeños por su tamaño, sino por su presupuesto – para ayudarles a conseguir dinero”, esto luego de una exhortación maravillosa relacionada al cine como acto litúrgico,

Salvo también definió la crísis de estos festivales muy claramente, “estos muchachos” como dice Salvo, lograron hacer un festival de 100 millones con solo 10… esto de por sí es un ejercicio de cinerecursividad ejemplar, sin embargo, es también una muestra del poco apoyo interistitucional y lo poco que valoramos y apoyamos los esfuerzos para crear cultura. (La gobernación sólo aporto un millón de pesos, menos de 500 dólares) tal cual aclara Salvo calificandolo de “Pichurria”, literal y justamente.

Para mi, es un orgullo lograr de alguna forma (Así sea pequeña) sembrar la semilla cinerecursiva en la zona.

Yo no puedo decir que me sienta “Robin Hodd” como Salvo, soy más bien como un “Pequeño Jhon” que simplemente intenta formar a los jóvenes, desprovistos y enclenques (aunque entusiastas y fuertes de espíritu) los “cineastas alegres del bosque”, dándoles instrucciones que cómo con palitos y cuerditas harán armas para derrotar al sherif despiadado.

Fuimos solamente cinco invitados especiales en el festival. Salvo, el aunque reconocido nunca bien ponderado presidente del FICC y de la ANAFE, Diego García Moreno, documentalista anarquista y reaccionario que es buen ejemplo de cómo mover efectivamente el cuento, Rubén Mendoza, el hiper-ácido-anarquista y contracorrentista director de cine, y Liliana Tavera (Mi compañera y productora que ha hecho posible todo lo que he hecho)… claro, yo, con la camiseta Cinerecursiva puesta pero remangada.

Tuvimos un Conversatorio que terminó en amigable Discusitorio… Yo por lo menos  pude definir o conciliar muchas cosas: Que los que dicen “Trabajo para mi” finalmente trabaja para “Los que ven el mundo como él” y que esto además de válido es necesario, esto lo entendí de Rubén, que finalmente, el objetivo de un festival “Debe ser formar público”, lo cual comparto con Salvo, y que no solo hay que hacer, hay que encontrar alternativas de distribución inteligentes, como los proyectos de Diego, los cuales deberían ser un modelo de estudio por todos y no simplemente una anécdota curiosa a pie de página.

Para mi, la conclusión más importante que puedo sacar de este festival es que logre definir algo que tenía nebuloso entre las definiciones de mi mente. “Decir que el cortometraje es un entrenamiento para el largo es una definición peyorativa para el cortometrajista”. El corto no es un primer paso y un cortometrajista no es un cineasta amateur… es en sí toda una disciplina que debería ser comparada de igual a igual. El corto permite mensajes diferentes, compactos, claros, ponentes, penetrantes y viralizables que otros productos no logran. El corto es el dominio de quien realmente quiere decir algo, es la tendencia que seguramente dominará el cine en medios digitales, dispositivos móviles y nuevos canales de promoción. Es la única alternativa para los comerciales de TV en un futuro – no tan distante – cuando la televisión como la conocemos desaparezca y mute a la TV IP o los sistemas de descarga destacada.

Salvo propone que los festivales se conviertan en canales de distribución y hay un trabajo importante que hacer ante los organizadores para que respeten y valoren el corto, para que tomen conciencia y le den la importancia que estos trabajos tienen realmente.

En particular, resulta sorprendente la calidad técnica que vimos en la muestra. Incluso, vimos algunos trabajos que dejarían por el piso – en un gran porcentaje – las películas de alto presupuesto nacionales, pero este no es el tema de mi artículo.

Cambiando de rama, lo que más me impresionó fue el hambre de aprender que hay en la región.

Me atrevo a decir que no he tenido un alumnos tan abiertos, participativos, proactivos o interesados como los que tuve en Popayán.

Esta vez, decidí cambiar mi mecánica en los talleres pues cada vez se aprende… ¿No?

Siempre he empezado por dar las bases, luego de esto, explicar la teoría y finalmente… la práctica.

Puse todo patas-arriba y también funcionó… El primer día saqué mis equipos y realicé algunos ejercicios prácticos con ellos. Me di algo de tiempo para dar márgenes y colocar algunas tareas. La primera, fue ir a buscar componentes para la fabricación de equipos en el mercado local, el segundo día los revisaría y daría instrucciones más precisas para poder definir diseños… finalmente el tercero, armaríamos los equipos.

Sonaba bien el plan… pero entendí el origen de la necesidad de aprender que hay en provincia, “no había mucho con que hacer nada de nada…”

Yo había llevado algunos materiales con migo, los cuales rápidamente fueron canibalizados vorazmente por algunos, el resto se alió en gavilla para compartir esfuerzos, componentes y crear alianzas para “Hacer” de poco u de nada. Me recordó de alguna manera el frenesí alimenticio de los tiburones frente al cardumen, pero con la diferencia que ellos se organizaron para llegar a un buen final juntos y compartiendo.

El brutal frenesí de la segueta:

Teníamos 3 días programados que terminaron totalmente desprogramados. En el segundo y tercer día no se alcanzó a definir los componentes, incluso los organizadores del festival terminaron consiguiendo un trípode que vorazmente descuartizamos cual zombies hambrientos sobre una presa, de esquinas misteriosas llegaron antiguos trípodes en desuso, pedazos de bicicletas traqueados y maltrechos por muchas guerras pasadas que donaron sus partes a la causa, incluso juguetes como patinetas viejas, o patinetas chinas de esas de 15 mil pesos que terminaron transmutando en dollies para cámara.

los tres medios días no fueron suficientes. Terminamos uniendo el Master Class de Liliana Tavera,  y tomamos el Sábado, de 8 de la mañana hasta que el sol se ocultó entre los centenarios tejados en el centro histórico de Popayán.

Liliana (Haciendo acopio de su roll de productora) pasaba por pasillo y el salón  tomado por cineastas con seguetas en mano desenfrenados. Ella gritaba “Quedan 20 minutos”… “Quedan 10”… y tal cual fuese un reality bizarro y sádico, cada quien quería llegar al final con su equipo visiblemente armado para la foto.

El resultado final: 5 cristos (realmente solo 3 finalizados completamente por falta de materiales que tendrán que pedir a Bogotá), 3 Roller-Patín y una serie de proyectos, sueños y posibilidades nuevas para unos 20 entusiastas que asistieron fielmente al Taller.

Lo aprendido…

Lo recursivo lo hace sostenible. Esto lo acuñé de Salvo, y lo implemento como un principio, como un punto nuevo del manifiesto cinerecursivo.

Aprendí que lo importante no es hacer más con menos, si no hacer más de menos, es decir, al espectador no le importa con cuanto capital se hizo el plano, pero exige calidad, exige ser impresionado, ser maravillado, golpeado, narcotizado, que se le revuelvan las tripas, que lo hagan reir, que le halen hilos en su mente y muchas cosas más…

Lo importante es que con inteligencia y recursividad se puede, y si se puede hay para la segunda, si la segunda es exitosa se hace la tercera… y de aquí en adelante ya es un camino, no sólo para este cinerecursivo pionero y precursor, lo es para muchos que vienen detrás .

Ha sido realmente grato sentir que se logra tocar el espíritu de otros cineastas para ayudarlos a templar su voluntad frente al oscuro horizonete, ya sea con el ejemplo, o simplemente con lo aprendido. De alguna forma, lo único que queda es que algún día, ellos dirán, “Esta película se logró gracias al cristo de Miguel”…

… y esto vale mucho más que una patente!.

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